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Historias de talleres con alma y artesanos amigos

Cada mañana lo primero que hago nada más llegar al barrio donde está mi tienda-taller, es visitar el taller de carpintería de Pedro.

Pedro fue una de las primeras personas que conocí al llegar al barrio. A los pocos días de inaugurar, se acercó a la recién estrenada tienda para presentarse, imagino que como se hacía antiguamente cuando alguien llegaba nuevo. Una de esas buenas costumbres que parece que se van perdiendo con el paso del tiempo.

Él ya llegó el primer día con ideas para trabajar juntos, y con la misma ilusión con la que yo abría la tienda de mis sueños hace 4 años. Al fin hoy, se ha materializado la idea, una idea que mola mucho y que ya os hice un poco de “spoiler” en Instagram hace unas semanas.

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Su taller es un taller antiguo, y es uno de esos lugares en los que te pasarías horas mirando porque en cada detalle imaginas historias de cómo se vivía hace décadas. 

Paredes repletas de plantillas hechas a mano en cartón, el suelo con trozos de mosaico y partes de hormigón, porque además de ser el taller que abrió su padre en los años 50, por aquel entonces compartían el taller como la casa donde vivía toda su familia. Recuerdo que en el caso de mis abuelos su casa también se compartía con el negocio familiar. Debía de ser algo común en aquel entonces.

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Él siempre dice que ese taller es un “desastre”, y yo siempre le digo que ese taller tiene alma. Alma como cada una de las piezas que salen de allí.

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Despacho del taller de Pedro – El orden no es uno de sus puntos fuertes pero a mi al menos me parece un caos con un toque nostálgico con todas las antiguallas que te encuentras por allí.

Su taller está al girar la esquina (literalmente), así cada mañana nos ponemos al día con los tipis que tenemos que entregar, y además compartimos alguna que otra reflexión que hace que empieces el día con otra energía.

Cuando llego, hay días que tengo que atravesar el taller porque al fondo escucho la máquina de serrar. Es imposible que me escuche entrar con el ruido de las máquinas, así que siempre en esos momentos  me pregunto. “¿Cómo lo consigue para no asustarse, y terminar metiendo la mano en la sierra?. Yo me pegaría un susto de muerte, fijo. Así que con tal de evitar la desgracia intento ir diciendo su nombre a lo Penélope Cruz “Pedrooooo, pedrooooooo…” mientras voy entrando despacio para que no le pille de sorpresa mi visita y así evitar la tragedia. La verdad es que jamás se ha asustado, con lo que supongo que habrá desarrollado un sistema antisustos con el paso de los años.

Otros días en cambio, me lo encuentro nada más entrar. Ahí tiene su mesa de montaje cubierta por centímetros de cola seca que te hace ver la cantidad de piezas que se han encolado a lo largo de los años en ella.

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En cambio hay días que te lo encuentras a las puertas de su talle. Igual puede estar descargando un camión de madera, que “xarrando” con algún vecino,  que puede estar entregando alguna de sus obras de arte para que otro artesano tapicero termine de dar vida a uno de esos muebles que de verdad tienen alma.

Incluso hay días que igual te encuentras la puerta cerrada, y eso significa que lo más seguro será que haya subido a ver a su madre y tomarse una taza de café torrefacto hecho con su cafetera italiana, acompañado con unos croissants del Horno de Leña de la calle de al lado (alguna vez en Instagram os he contado cuando me ha traído alguno de estos para alegrarme un día “mierder”).  Y hay veces que está cerrado porque se ha ido a hacer otra de sus grandes pasiones, ¡pedalear!.

Cuando vuelve de pedalear por la montaña, Pedro siempre trae una anécdota, normalmente tiene que ver con la naturaleza… alguna migración de aves que ha podido ver, unos renacuajos en un charco de barro… es un Nathional Geografic el tío!

Pedro tiene un blog, que según me cuenta muchas veces fue una de esas ideas que salvó a  la pequeña carpintería que creó su padre hacía 50 años de la maldita crisis.

Él a sus casi 50 se reinventó y empezó a escribir en un blog, a pesar de que su mundo 2.0 hasta entonces se limitaba a navegar por internet de vez en cuando,  y a pesar también de que  los carcas de su sector le dijeran que eso “del internet” eran tontadas. Pero él siguió y sin darse cuenta empezó recibir encargos de sillones para toda España.

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Así que queriendo hacer un guiño a su manera de presentar sus trabajos en su blog, he querido presentar nuestra novedad conjunta con un una historieta como las que él cuenta (Es el rey del storytelling!)  pero se me ha ido un poco de las manos y he hablado de todo menos de la novedad que tenemos entre manos.

Pero no importa, porque os he presentado a un genio del que seguro que aprenderéis mucho de diseño, de montaña y de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Porque así es él.

He pensado que esta semana haré mis visitas matutinas con vosotras por Instagram. Haremos stories todas las mañanas en los que os enseñaré todos los entresijos de su taller, veremos cómo se producen estos muebles tan especiales y podréis preguntarnos todas las dudas que os surjan. ¿Os apetece venir?

Y ya otro día de esta semana os cuento los detalles y en que hemos pensado para crear  este mueble tan especial.

Feliz semana!

Mireia

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